CRISTÓBAL COLÓN

Hoy se conocen las tierras del mundo entero, pero no siempre fue así; primero hubo que descubrirlas, explorarlas, dibujar sus formas en el mapa...

El mapa del mundo, o mapamundi, empezó a crecer cuando los marinos portugueses, italianos y españoles empezaron a encontrar nuevas rutas el mar y llegaron por ellas a nuestras tierras.

Aquellas primeras expediciones hicieron posible la gran hazaña de un marino genovés llamado Cristóbal Colón.

Colón era italiano; se había casado y tenía un hijo. Vivió un tiempo en Portugal y realizó algunos viajes. Le interesaban mucho los libros de Geografía, los mapas y todo lo que tuviese que ver con el tema. Escribía cartas a un famoso astrónomo llamado Toscanelli; poco a poco, Cristóbal Colón fue aumentando sus conocimientos.

Colón tenía una idea y un proyecto: afirmaba que los extremos de las tierras estaban cerca uno de otro, separados sólo por un pequeño mar. Su proyecto era llegar a las Indias Orientales, aquellas tierras fabulosamente ricas, navegando hacia al Oeste. Es decir, por una ruta hasta entonces desconocida.

Además, él creía que en aquellos lugares encontraría oro, plata, metales y piedras preciosas; animales y plantas extrañas; gigantes y enanos... Porque Colón, como mucha gente, prestaba atención a las leyendas fantasiosas que había oído.

De todos modos, contaba con dos cosas importantes para llevar adelante su plan: una buena base de conocimientos científicos y una gran seguridad en sí mismo. Esta firmeza le vino muy bien, pues le resultó dificilísimo hacer que alguien se interesara en su plan y conseguir dinero para la expedición. Tuvo que esperar seis años antes de lograrlo.

Por fin los Reyes Católicos, de España, le dieron su apoyo. Lo nombraron Almirante, Virrey y Gobernador de todas las tierras que descubriese. Y prometieron darle una parte de las riquezas que encontrara.

Además, algunos de sus compatriotas lo Ayudaron con dinero. Y así obtuvo por fin tres naves: La Santa María, la Niña y la Pinta. Colón quedó al mando de la Santa María; las otras dos las comandaban los hermanos Martín y Vicente Pinzón. El resto de la tripulación estaba compuesta en su mayor parte por presidiarios.

Un día, por fin, salieron de España: zarparon del Puerto de Palos. Las tres carabelas pasaron por las islas Canarias y se lanzaron después al gran océano. Entonces empezaron los problemas: soplaban vientos contrarios. Días y noches navegaron hacia lo desconocido, sin ver más que cielo y mar.

Llegaron a lo que hoy se denomina Mar de los Sargazos, y allí sí vieron aves y peces. Pero nada más: pasaba el tiempo y nada aparecía...

La tripulación empezó a ponerse inquieta y levantisca. Empezaron a escasear el agua y la comida. Entonces saltaron pájaros que llevaban a bordo, enjaulados; los pájaros seguramente volarían hacia tierra firme y de aquella manera les indicarían el rumbo.

Muchos marineros de aquellos tiempos usaban aves para orientarse.

Finalmente, el 12 de octubre de 1492, después de haber navegado setenta días, un tripulante de la Pinta gritó: "!Tierra!".

La buena nueva se comunicó a las otras naves con una salva de cañonazos. Entre los marinos, según cuentan, "había lágrimas de alegría".

Cuando Colón desembarcó, se arrodilló en señal de gracias a Dios y clavó en el suelo es estandarte de los reyes de España.

Habían llegado a la isla de Guanahaní, pero el Almirante la bautizó con el nombre de San Salvador.

Colón había cumplido una hazaña importantísima, había descubierto América, un enorme continente que no figuraba en los mapas de sus tiempos. Sin embargo, Colón mismo nunca los supo: creyó que aquella isla formaba parte de las Indias y que había realizado su proyecto. Por eso llamó "indios" a los habitantes que encontró en estas tierras.

¿Qué más ocurrió en el primer viaje? Descubrieron otras islas, como Cuba y Haití, a la que llamaron la Española. Después, Colón y los suyos regresaron a España.

Llevaban una nave menos porque la Santa María había naufragado. En el mar, una tormenta terrible separó a las otras dos naves, y Colón y Pinzón no se reunieron hasta llegar al Puerto de Palos.

Los Reyes Católicos los esperaron con todos los honores. Todos comentaban la hazaña de Colón y le hicieron un recibimiento triunfal. El Almirante había llevado consigo algunos indígenas, y también oro y ciertas plantas y animales que no se conocían en Europa.

Había tenido tal éxito, que no le costó mucho organizar un segundo viaje; en aquél llevó más naves y, además, mucha gente para fundar colonias.

Al llegar a América descubrió nuevas islas y fundó una colonia en la isla Isabela.

De aquel viaje regresó a España enfermo. No encontró esta vez el mismo recibimiento: por el contrario, le costó organizar un tercer viaje. Su propósito era alcanzar la tierra firme.

En el tercer viaje llegó casi a las costas de Brasil; pero, como era la primera vez que navegaba por el hemisferio Sur, quedó tremendamente desconcertado: era diferente, muy diferente del hemisferio Norte, sobre todo, del cielo que él conocía.

Por eso y por el gran calor, desvió su rumbo hacia el norte. Así llegó a la isla Trinidad, donde encontró indios amables. Allí todo le pareció a Colón extraordinario: el clima, las plantas, la tierra, el mar...

Y, recorriendo las costas con su habilidad de gran marino, llegó por fin al continente, a tierra firme.

Si embargo, duró poco su alegría; al volver a La Española se encontró con que los indios se habían rebelado y sus propios hombres no lo respetaban ya. Colón era un descubridor apasionado y genial, pero no tenía paste de gobernante. No supo manejar los problemas de la colonia, y de España llegó un enviado de los reyes para poner orden. Le quitaron toda su autoridad y además el enviado inició un proceso judicial contra Colón, enviándolo de regreso a España, preso y engrillado.

Todo aquello fue muy duro para Colón, que estaba viejo y agotado. Aún así y todo mientras seguía el proceso en su contra, emprendió su cuarto y último viaje. Claro que, por entonces, otros marinos habían aprovechado sus experiencias y se habían dirigido también hacia América.

En aquel viaje llegó a La Española y continuó navegando hasta tierra firme. Descubrió entonces el istmo de Panamá, pero no pudo seguir adelante: sus naves estaban carcomidas, en estado casi desastroso.

Y tuvo que refugiarse en Jamaica. Pidió socorros a La Española, pero no llegaron. Hubo enfermedades, naufragios, rebeliones...

Colón volvió a España sin poder levantarse de la cama. En Europa ya nadie pensaba en él; su protectora, la reina Isabel, murió al poco tiempo de su llegada. Y poco después, también murió Colón, pobre y solo. Nunca supo que había descubierto un continente nuevo que, con el tiempo, ni llevaría siquiera su nombre.