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LOS DESCUBRIDORES Y CONQUISTADORES
Los libros de historia cuentan hazañas increíbles, como la de los hombres que descubrieron y conquistaron el enorme territorio americano, desde México hasta Tierra del Fuego. En cincuenta años apenas, recorrieron más de veinte millones de kilómetros cuadrados y dominaron a los pueblos indios dueños de aquellas tierras. Los conquistadores españoles y también portugueses eran unos pocos. ¿Cómo pudieron, pues, vencer a millones de indios? Tenían dos ventajas muy importantes: las armas de fuego y los caballos, que espantaban a los indios. Además, algunos pueblos indígenas importantes creían en una misteriosa profecía: que desde el mar llegarían hombres que destruirían sus dioses y sus costumbres y les enseñarían ideas nuevas. También favoreció a los españoles que hubiese rivalidades entre los mismos pueblos americanos. Y algo más: los europeos trajeron enfermedades desconocidas en América, como la viruela, que contagió y mató a miles de indios. ¿Quiénes fueron y qué hicieron algunos de aquellos descubridores y conquistadores? Un hombre que se embarcó como polizón, huyendo a causa de sus deudas, descubrió el océano Pacífico. Se llamaba Vasco Núñez de Balboa. Cuando Balboa llegó a América Central, se enteró por los indios de que detrás de las montañas había un gran mar desconocido y que en sus orillas vivían pueblos riquísimos. Era verdad y, a principios del año mil quinientos, con el agua hasta las rodillas, la espada desnuda en una mano y la bandera real en la otra, Balboa tomó posesión del océano en nombre de los reyes de España. De regreso volvió cargado de hermosísimas perlas y otras riquezas, aunque agobiado por los sufrimientos del viaje. También fue difícil y penoso el larguísimo viaje por mar de Hernando de Magallanes, la primera vez que se dio una vuelta completa alrededor del mundo. Magallanes partió de España con cinco carabelas. Se dirigió a Río de Janeiro, bordeó la costa de América del Sur y por fin, en 1520, encontró el estrecho donde se unen los océanos Atlántico y Pacífico. Aquel era el paso a Oriente que él buscaba; con el tiempo se le llamó, en su honor, Estrecho de Magallanes. La expedición siguió adelante a pesar de las epidemias, el hambre y la sed. Llegaron a comer cuero y ratas, pero continuaron avanzando. Cruzaron en diagonal el océano Pacífico y llegaron a las islas Filipinas donde murió Magallanes. Allí tomó el mando su segundo, Sebastián Elcano. Después de unos tres años de navegar llegaron unos pocos hombres y un solo barco al mismo puerto español de donde habían salido. Los tripulantes estaban flacos y exhaustos, pero las bodegas venían cargadas de especias. Un conquistador intrépido y hábil fue Hernán Cortés. Con pocos soldados se lanzó a la conquista de México, pero antes, para no pensar siquiera en retroceder, deshizo sus naves. Tenochtitlán y las riquezas del gran Moctezuma fueron sus sueños. Con diplomacia fue logrando el apoyo de los indios mexicanos y, cuando no conseguía su amistad, combatía hasta vencerlos. Así lo hizo hasta llegar a las puertas de Tenochtitlán, la bella ciudad azteca. Cortés no iba solo con sus soldados; lo acompañaban muchos pueblos indios que querían terminar con el dominio de los aztecas. Moctezuma recibió a Cortés, lo alojó en su palacio y le regaló tesoros, pero Cortés quería también México. Si bien Moctezuma eligió un camino amistoso para lograr que sus visitantes se marcharan, otros grandes señores y miles de aztecas estaban dispuestos a dar la vida para defender sus dioses y su tierra. Allí estaba Cuauhtémoc, un valiente que no creía que los españoles fueran seres divinos. Y cuando los españoles se atrevieron a destruir los dioses y a atacar a los aztecas comenzó una lucha sin cuartel. Moctezuma fue apedreado por su pueblo y, a consecuencia de las heridas, murió, prisionero de los españoles. Cortés y su gente huyeron bajo la lluvia de flechas de los aztecas. Pero volvieron a sitiar la ciudad. La resistencia de los aztecas fue heroica; lucharon hombres, mujeres y niños. Una epidemia de viruela, las armas más eficaces y también el valor de los enemigos pudo más. Muchos pueblos indígenas secundaban a Cortés y, después de setenta y cinco días, en el año 1521, los españoles se apoderaron de Tenochtitlán y de todo México. También cayó bajo el dominio español el formidable imperio de los Incas. El principal autor de tamaña empresa fue Francisco Pizarro, en su juventud un ambicioso cuidador de cerdos. La conquista fue difícil: las lluvias torrenciales, el clima, los desiertos y las montañas se aliaron a los americanos para impedir la entrada de los conquistadores en el Cuzco. Pizarro consiguió entonces más ayuda del rey de España y, además, aprovechó un buen momento para atacar al imperio, pues los incas peleaban entre sí. El Inca Atahualpa se preocupaba más por vencer a su hermano que por expulsar a aquel puñado de españoles que llegaban a sus tierras. Pizarro estaba dispuesto a todo: invitó a Atahualpa a su campamento y, valiéndose de la sorpresa, de sus armas y caballos, tomó prisionero al Inca ante el estupor de su escolta de cinco mil indios. Atahualpa les ofreció llenar de oro y plata, hasta la altura de su brazo, la habitación donde lo tenían prisionero. Cientos de hermosas piedras de metales preciosos y de joyas se transformaron en lingotes para cumplir la promesa. Sin embargo, los españoles, en vez de liberarlo, le dieron muerte. Tomaron entonces la ciudad de Cuzco y consiguieron dominar todo el gran imperio. Y en 1535 nació, a orillas del río Rimac, la capital del Virreinato del Perú; la llamaron la Ciudad de los Reyes, y hoy todos la conocemos por Lima. | |